La 4T y el régimen de Los Generales han muerto.

Esta nueva versión socialista, anti capitalista y anti católica racasó por culpa de sus enemigos, sino por la incompetencia, el sectarismo y la irresponsabilidad de quienes la gobernaron desde dentro. Sus propios fundadores acabaron reconociendo que el régimen nació mal.

La exclusión sistemática del adversario político; el desprecio al interés nacional en favor del interés de partido; y la tolerancia calculada del desorden y la violencia cuando convenían a la facción gobernante han sido la burbuja envolvente de toda la corrupción desproporcionada y psicópata que muestran y demuestran ineptitud, mediocridad e incapacidad.

La 4T convirtió las calles y redes sociales en un campo de batalla estéril, anuló el diálogo político, debilitó la autoridad del Estado y sustituyó el gobierno por la agitación. Mientras en el Congreso se finge en unidad, en la calle reinan las huelgas salvajes, la anarquía rural, los desórdenes constantes y la impotencia del poder público. El régimen proclamaba legalidad mientras la violaba a diario con leyes excepcionales, arbitrariedad y atropellos, minando su propio prestigio y su legitimidad. Todo ello en medio y facilitación del narco Estado.

Ante el colapso, algunos de sus propios dirigentes saben una conclusión tan clara como incómoda: la 4T solo puede salvarse suspendiendo su propio sistema y entregando a la élite narco política y corrupta. Se debe clausurar el Congreso y al Poder Judicial espurio, dejar en suspenso la Constitución de 1917 que es socialista y establecer una democracia participativa, decente, honesta y transparente, no personal ni partidista, sino nacional, con plenos poderes para restaurar el orden, imponer la autoridad, reconstruir el Estado y frenar la deriva hacia el caos. No como capricho autoritario, sino como último remedio frente a la ruina.

Si el régimen de Los Generales no se corrige a sí mismo con energía y orden, la rectificación vendría desde fuera, por la fuerza, y barrería no solo los errores, sino la 4T entera. Eso es lo que exactamente nos espera frente al nuevo César: Trump. La 4T no cayó: se suicidó por su incapacidad para gobernar y para imponer el orden.

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