El café como cultura popular y viva de México

Manuel García Estrada

El día 17 de marzo del 2026 se aceptó la presentación de la campaña «El café puede salvar a México: La Nación del Café en el Museo Nacional de Culturas Populares» por parte de ese espacio de la Secretaría de Cultura del país.

La posibilidad de que el café sea reconocido como parte de la cultura popular y viva de México de manera institucional es un paso más en el enorme esfuerzo de llevar al grano a los recintos artísticos, culturales y científicos que avalen la trascendencia del producto y su cadena de valor.

La trascendencia de que «El café puede salvar a México» en el Museo Nacional de Culturas Populares es una catapulta para darle mayor fuerza y visibilidad al punto de encuentro de los eslavones de producción y transformación del grano, ese momentum en que un barista vende café al consumidor. Ese instante es la concepción del éxito de la industria que desde 1795 fue sembrada pero parida en 1802 con la primera exportación del aromático.

El café nació como industria cuando los granos fueron tostados y vendidos, pudo ser o no. Lo es.

Dentro de la cadena de valor las cosas han estado cambiando desde que el sistema político mexicano corporativizó el campo degradando a la fuerza comercial e industrial del café para ser colocada en una palestra a conveniencia de partidos políticos, charlatanes y demagogos. Siempre ha sido más fácil manipular al que no sabe cómo transformar el café para valorizarlo que facilitar las herramientas educativas y tecnológicas que haga del aromático una genuina soberanía, pero al intervenir el gobierno para crear dependencia los caficultores fueron sumidos en la pobreza no solo económica sino educativa dejándolos en manos de quienes supieran procesar, transformar y comercializar el grano.

Durante décadas el café fue reducido solo a los productores mientras se desarrollaba una sociedad consumidora ávida de cafeína y sus rituales para ser bebida. El grano es más que productores, es un elemento que une hoy a cientos de miles de mexicanos en un esfuerzo sin paralelo por que es:

  • Productores
  • Beneficiadores
  • Tostadores
  • Comercializadores
  • Mercadólogos
  • Académicos
  • Baristas
  • Catadores
  • Promotores y gestores culturales

A lo anterior habría que también agregar a las industrias derivadas del mismo: leche, azúcar y demás elementos que encuentran en la cultura del café un negocio, hablamos de tecnología para el campo (drones, etc) o camiones, tés, tisanas, polvos base para frappé, vajillas, grastronomía, etc.

El café responde solo a la democracia, a la diferencia. Su fuerza es colaborativa y no colectivista porque responde al mercado, al consumidor, al mexicano de a pie. Al que vive y transforma la cultura popular.

El café y su fuerza es como el propio grano, un individuo que colaborativamente y en beneficio de sus intereses de movilidad socio económica echa mano de todo lo que esté a su alcance para llegar a la mente y a la razón. El café ofrece cafeína, solo el ser humano es quien le da sentido a la cafeína.

Después de la II Guerra Mundial la saturación de producción de solubles propició un auge del café para ser bebido solo en taza de agua caliente desplazando la cultura de elegir granos con defectos o no (como el caracolillo: considerado defecto pero a la vez virtud) pero la realidad es que el mercado en crecimiento y la oferta nacida de la «especialidad» o la estandarización qualitativa para mercados internacionales en consumo de grano generó una convivencia sui generis que es la que se vive dentro de la Cuarta Ola del Café: la personalización.

El café como regente de paladares distintos responde al mercado de los distintos individuos, no hay nada más democrártico que él porque si todos fuéramos iguales las artes y ciencias del café serían cosa fácil pero es todo lo contrario, hay que satisfacer a tanta gente diferente que las voces vanguardistas, sean conservadoras, disruptivas y tergiversadas pelean por el mercado.

El gran ganador es el dueño de la cadena de valor que es el más importante de sus protagonistas: el consumidor. Sin el mercado no existiría nada de lo que vemos en las plantaciones ni en los asoleaderos, camas africanas, tuestes oscuros o claros, expendios, barras, estantes de supermercados, etc.

Hoy cuando el Museo Nacional de Culturas Populares reconoce al café como algo popular coloca justo al mercado en el centro del universo de la cafeína. Hoy la Institución le sirve a la gente, a los amantes del aromático, a la fuerza de la sapiencia extendida y la diferenciación en hábitos de consumo envuelto todo entre música y danza nacidos en el mundo Novohispano, el mundo de la llegada del café, y reconoce el aporte del jazz y su fusión con lo que hoy somos, una nación que ama la cafeína, al pensamiento, a las artes y que desea de manera desesperada que se generen espacios y momentos como lo que se vivirá el último miércoles de Julio en Coyoacán.

Por primera vez «La Nación del Café» se despliega en su Ser con el reconocimiento de que el café con pan, el son jarocho y el jazz son algo trascendental en una cultura donde cabemos todos y que su símbolo es el Museo Nacional de Culturas Populares.

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