Las cumbres de Maltrata

Maru San Martín (Grandes Montañas de Veracruz)*

Un dolor de cabeza me despierta, no hay cuchillo, sólo fantasmas. En bloques de tres, cuento fantasmas sin ningún ánimo de llegar a mi destino. Apenas recuerdo la última vez que me sentí dueña de mis acciones. En los días anteriores todo pasó sin que tuviera el control del presente inmediato. El toro enorme en la punta del cerro (1) me recuerda que aún habito un territorio conocido.

Las memorias de la niñez fluyen: mi padre al volante narrando historias que apenas me sacan una sonrisa, mi hermano dormido y yo, yo sumando coches rojos; siempre contando, manía adquirida para hacer el viaje más corto. No han notado que estoy consciente, que a través de la venda puedo ver las sombras que se suceden por el movimiento del auto. El conductor, con voz desafinada, tararea una canción. Su voz sí que la conozco. La música de Chico-Che llega a mi memoria, la que escuchaba papá: «Qué culpa tiene la estaca, sui el sapo salta y se ensarta». ¿Qué culpa tienen mis tres compañeros de viaje si siempre he sido una imbécil.

La tos el pasajero a mi lado me obliga a mover la cabeza y delatar mi presencia; vuelven a golpearme y de mi ojo brota una humedad que me ciega. Después de un tiempo, que ya no puedo medir, reconozco el tapete de mi auto; ahora sólo puedo imaginar el camino por los olores y los enormes letreros que alcanzo a ver desde la incomoda posición en la que me encuentro. El aroma del campo de cebollas se mezcla con el sudor de mis acompañantes.

Recuerdo los famélicos animales al lado de las casuchas, con la colada siempre al frente. El anuncio que anuncia Tierra Blanca- La Tinaja junto con el olor a mango me trae al presente. No saldré viva de este paseo tantas veces recorrido, pero con un poco de suerte mamá podrá encontrar mi cadáver en su tierra.

El trepidar del auto sobre la grava, lastimando mi espalda, indica que ya salimos de la autopista. El auto se detiene y soy arrastrada como un bulto; fijo la vista en la copa de los árboles que sobresalen entre el maizal, y para no oir la discusión de «si merexco, o no, el tiro de gracia», vuelvo la cabeza y pego un oído sobre el yermo. Cuento piedras de a tres, piedras pequeñas como losas.

*Maru San Martín es cordobesa y ha ganado concursos estatales y nacionales de cuento corto, poesía y guión de cortometraje; es autora de diversos libros y nos autorizó a reproducir «Las cumbres de Maltrata», que forma parte del libro Historias de Clósets y otras prisiones. Su visión y narrativa tocan el alma y entre sus letras a veces duras -y en este caso escalofriantes- siempre nos acaba mostrando esperanza a través de la reflexión que provoca.

(1) Maru hace referencia a un toro gigante colocado a modo de publicidad del brandy «Magno de Osborne» de 14 metros de altura que se encontraba en la punta de un pequeño cerro a un lado de la autopista 150D Orizaba- Puebla a la altura de Ciudad Mendoza, Veracruz.

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