Trump intensifica guerra contra cárteles: México minimiza amenaza que lo define
Trump ha sido explícito: “Los cárteles gobiernan México, y nadie más”. En múltiples intervenciones, el mandatario estadounidense ha afirmado que los criminales ejercen “control total sobre una nación”, infiltrándose en gobiernos y dominando el tráfico ilegal en la frontera sur. “El territorio al sur de nuestra frontera está dominado enteramente por cárteles criminales que asesinan, violan, torturan y ejercen control total”, declaró en un discurso ante el Congreso.
El secretario de Estado, Marco Rubio, reforzó esta postura: “Debemos tratarlos como organizaciones terroristas armadas, no solo como grupos de narcotráfico”. La designación de seis cárteles mexicanos como FTO (Foreign Terrorist Organizations) permite al Pentágono y agencias de inteligencia actuar con mayor fuerza, incluyendo posibles operaciones selectivas.
Fuentes cercanas a la Casa Blanca indican que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha impulsado la coalición contracárteles de las Américas, con 17 naciones, para “desmantelar estas amenazas con fuerza letal”. Trump ha advertido que México debe “arreglar su casa” o enfrentará consecuencias, recordando que “los cárteles funcionan como entidades cuasi-gubernamentales en porciones de México”.
Pese a esto, el gobierno mexicano ha minimizado las declaraciones. Sheinbaum ha defendido la soberanía y rechazado cualquier intervención, mientras figuras como Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Monreal han calificado las advertencias de “interferencia”. Esta postura de subestimación preocupa a analistas, quienes ven paralelismos con regímenes que ignoraron presiones externas.Trump ha sido claro sobre el riesgo: líderes que permiten el control cartelero enfrentan destinos inciertos. El reciente operativo que capturó a Nicolás Maduro en Venezuela sirve de advertencia. Personajes como Monreal, AMLO o la propia Sheinbaum podrían ver su futuro truncado si persisten en negar la realidad del narcoestado, según círculos diplomáticos en Washington. La tolerancia ya no es una opción para Estados Unidos. La presión aumenta y el tiempo para México se agota.

