Así el corazón / Corte de caja
Texto rescatado: febrero 2018
Manuel García Estrada
Siempre en una búsqueda asfixiante logré calmar la sed de amor entre tus besos y la lujuria que nos hacía vivir como adolescentes entre sonrisas bajo el cobijo de un mundo donde todo era posible.
Te fuiste, así, sin decir nada, tu respiración dejó de estar y aprendí a vivir sin ti con toda la fuerza que puedo exigirme y aunque cada día me pego de frente en el muro de tu silencio dominante trato de volver a respirar sin lograrlo al cien por ciento.
Hay muchas tardes y muchos amaneceres en donde lo único que quisiera es poder tomar tu mano y dar un paseo por el parque mientras veo esos hermosos y enormes ojos negros que me daban siempre la esperanza de que todo obstáculo se podía vencer.
Muchas veces lloro, más de las que nadie se imagina, pero intento seguir haciendo café y trato de repartir sonrisas aunque la única que yo deseo ver es la tuya, la que ya nunca tendré.
Recorro caminos y puentes, hablo con docenas de personas, lo único que sé hacer es animar y al final desconozco de donde viene el ánimo que aún tengo porque desde que dejaste de acariciarme nadie le trae gasolina a este motor corazón que envejece con la única esperanza de volverte a ver.
