Cuatro veranos sin sol
Texto rescatado: mayo 2018
Manuel García Estrada
Cada mañana despierto y veo el parque, camino al Roco, suspiro, el día inicia con todo aquello que estresa o hace sonreír, voy y vengo, subo y bajo, regreso, deambulo.
Cuando me detengo pienso en cuando tomaba tu mano para caminar o al sentarnos viendo a la gente, recuerdo tu pelo, tu cuello, tu sonrisa constante y ese tremendo afecto y cariño para hablarme.
Quisiera estar en dos lugares a la vez, no puedo, antes sí podía porque eras tú en un lado y yo en otro pero éramos lo mismo. Me quedé partido. Roto.
Tengo 4 años de no escucharte ni verte, 4 años que me hacen comprender a mi abuela viuda que cada Navidad y cada «viernes santo» lloraba sin razón… la misma sin razón que yo tengo cuando estoy callado pensando en ti y derramo lágrimas.
¿De dónde viene la fuerza cotidiana? No lo sé, pero te evoco a través de ella y permanezco creyendo que podrías hablarme. Sigo viéndote de pronto en el andar de alguien, en los rizos de otros, en la mirada que me ponía sereno.
No entiendo cómo es que pasó este tiempo.
Estoy a punto de empezar a vivir en este lugar y bajo este cielo más tiempo del que viví contigo. Todo esto me sigue pareciendo una injusticia para ti y para mi. Me parece terrible el que hayas dejado de estar y de ser, aquí, en este bosque lleno de gente que muchas veces bebe café.
Me empeño día a día, me canso mucho más que antes, me desespero y sigo gritando ¡¿por qué?! contra la almohada y nadie contesta y nadie me oye.
Sumé a tu partida la de Tere, seguramente me deben ver juntos, y sabes que también cuando el proceso de despedida le inició a ella te necesité más que nunca y no estuviste. Y necesité tus ojos y tus manos, tus palabras y tu abrazo.
Sigo aquí, caminando veredas que no entiendo y procuro escuchar sones que me lleven al sollozo que es en realidad mi estado permanente. Ahora comprendo otra vez a mi abuela cuando los ojos se le ponían rojos y echaba la cabeza para atrás para tomar aire, aire que a veces no es capaz de llenar mis pulmones.
Extraño esa voz, esa manera melindrosa de estar compartiendo los soles, quisiera ver la pochota donde te dejé entre cafetales en aquella bella montaña, quisiera estar ahí para esperar la lluvia y bañarme contigo entre las hojas. La ceiba sé que te construye un puente hasta mi mente y yo respondo siempre a sus hojas que vibran con las nubes.
Pasé 21 días infernales contigo palpitando por las máquinas y al final salí solo del edificio aquel que nos ayudó pero que ya no pudo salvarte. Pasé otros 21 con Tere, así, rudos, en los mismos días en que tu te fuiste a pelear por la vida… ella al menos me regaló año y medio más. Al final ambos me dejaron acá, entre paredes complicadas y con todo mi corazón en pequeñísimas partes que trato de coser sin suerte.
No quisiera que si un día nos volviéramos a ver me preguntaras que cómo le hice para seguir porque no lo sé tampoco ahora.
Son 4 años de que no estás después de 4 años y 4 meses de tenerte después de 10 años de esperarte. tenemos juntos ya 18 años de haber cruzado nuestras miradas por primera vez. Me sigues haciendo falta, más ahora que antes de ser lo que afortunadamente fuimos.
Sé que no hay nada más allá del último suspiro pero te confieso que quisiera volverte a ver, volverte a besar, volverte a tener entre mis brazos y los gozos que brindan los cuerpos repletos de amor. No pasará de nuevo, nunca más. Pero no por eso dejas de ser la luz más brillante de mi firmamento y aunque lo que diré no tiene sentido al menos me entibia el corazón, solo te digo hasta pronto.
