El segundo (Del II Tomo del Pandemonium)
Manuel García Estrada
«Fui y vine del Hades para nivelarte y te negaste a escuchar el perdón anunciado al pueblo de sus pecados, ya se te profetizó todo y aún así te encuclillas para no oir ni ver porque no quieres crecer hacia el Padre, ese que eres tú en mi y Es. Sufres porque quieres y ello te llevará a la última caverna del viejo Averno donde ahogado no ascenderás.»
Pasará en un segundo, la mayoría no se percatará, de hecho ya ha sucedido, los más no volverán a la tierra ni abrirán los ojos.
Un puente se ha construído para los que elevarán las miradas a la estrella más azul y sus águilas con rayos descenderán para limpiar los patios de los que nunca han tenido derecho alguno y desaparecen para acabar de espectáculo de cena del mal.
Será un solo segundo el que ya ha sido.
Son muchos los que no se han dado cuenta ni verán la alborada entre los sauces y fresnos de la libertad, el bien, la verdad y la belleza.
Esos ignorantes analfabetos de Dios han sido engullidos por parpadeos de centellas rojas que le declararon la guerra a las Nubes. El ejército de Cirrus siempre ha vencido y seguirá venciendo para siempre.
Tiempos oscuros marean a los baratos y a los débiles, ellos no merecen seguir porque el que se arrastra creyendo volar no merece ni la más pequeña altitud sobre un escarabajo.
Todo hadal será iluminado y probablemente el que lee esto no leerá nada más jamás porque quedará sin ver lo evidente.
Yo decido cuando sonrío, no contigo, eso no pasará más, porque solo decido hacerlo con el que se ha quitado la venda y se ha conectado a la latis, esa a la que llamamos Dios.
No sonrío tampoco con los que consideran chistoso el genocidio en tiempos de paz, me desocupo de los que ocurren en la guerra porque son sacros para los que sosteniendo la laminina entienden que la defensa de lo eterno cruza los dedos con el bermellon haciendo del atlachinolli la fuerza que sostiene a los gigantes. A los grandes, a los enormes, a los hijos del Gilgamesh.
Bolas de fuego engullen los ciegos y los sordos, el azufre lo deglute el que usa la lengua para ensuciar a otros, para ellos tampoco habrá paz ni amor ni corazón. Tú, pequeño niños de ojos negros y enormes venido de las montañas te cobijo desde ahora sabiéndote que ha sido el Padre el que ha dicho sí, a él, con él, Sé.
Burbujas enormes que salen de los dientes de los falsos, los impíos y los que se sostienen en el poder por herejía someterán las neuronas de las tiranías y los pocos verán nacer de entre la nieve y el mar al que dejó de ser pez para convertirse en el que transporta y verte el agua. En ese momento careán todos los Estados y resurgirá la Corona sobre ese niño que ya no siendo Borbón será un mestizo color Luna de ojos de hojas del otoño entre el bosque del norte.
Tú, desesperado y angustiado, frustrado y con cefaleas debes resistir, el mundo antes de nacer debe morir y primero irás tú para descarnar tu propio cráneo.
No se nace si no se muere.
Decide cómo nacerás en este nuevo mundo donde la paz es vencedora desde antiguo porque la batalla de los hombres será final entre liberales y el Rey del mundo al que le ha sido otorgada la victoria desde el alfa y hasta el omega al Hijo del Hombre que volvió con luz y enjuició a todos para siempre.
Ten paz y ve al templo, reza, llora frente a Él no en el altar grande sino en el recoveco donde resguardado calma y sana, en ese lugar que observa Guadalupe con delicadeza y es custodiado por la Reina del Dolor y la Soledad que con su pañuelo ha limpiado la ciudad que brota desde adentro. Esa, la que agoniza pero nunca muere.
Dios salve al Sol y al honor, al Águila y al Tulipán, al Rayo y al último de todos que agachó la mirada por décadas para ser develado como puente y arco, como capitán de las Cirrus, hijo del Altísimo que extendió la mano implorando absorver del mundo todo mal con el fin de emular al que Vino. Y Está.
Descansa entre borbotones de esperanza y que la paz tome tu corazón entre su manos llevándolo a María. Duerme tranquilo, que cada noche es la última noche de la que ya hemos obtenido alborada que aún entre la niebla nos impide alabarla.
Cruz venerada en su misión con Borgoña empoderada tejiendo al imperio perdido en uno nuevo mientras los hijos de Metis reaccionando se preguntan ¿por qué no?
Es tiempo, es hora.
Ve al templo.
Come del Pan. Reza cinco tiempos al Padre y a Ella, quema en holocausto todo testamento viejo y antiguo, larga a esa gente y devuélvela. Camina a la Sagrada Familia y recibe el calor entre colores del Corazón Sacramentado.
En Él y en vos… confío.
No eres un paria. Actúa como Hijo.
