Fin del duelo
Manuel García Estrada
Una mañana de invierno desperté e inconscientemente me puse de pie, miré al parque y sonreí, soy feliz, me dije. No sé cómo pero lo había logrado.
Si bien es cierto que cuando hablo de él el corazón se acongoja y no significa que no suspire de nuevo, que no me ilusione de nuevo, que no quiera vivir de nuevo.
Desconozco la matemática para el duelo, en realidad no existe de manera universalmente aceptada, depende de cada individuo, de su cultura, de su inteligencia, valores y manera de construir la realidad.
Lo que sé es que se puede trascender el dolor y el duelo.
Aquella mañana en que me encontraba solo en el hospital con el pecho sumido como si le hubieran sacado una roca de jade tras recibir la noticia de su muerte una mujer mayor se me acercó sabiendo la historia y me dijo que volvería a tener a alguien. En ese momento aquello era ridículo, raro, quizás hasta grosero pero más sabe el diablo por viejo que por diablo.
Pensé que nunca volvería a ser feliz, ahora lo he conseguido.
A todos los que están pasando por un duelo solo quiero decirles que no opongan resistencia a los sentimientos, no opongan resistencia a las sustancias, al alcohol o a los antidepresivos, no digan no a las adicciones o a los excesos, pero pongan límite, tengan consciencia de que están escapando del dolor porque es muy difícil de soportar al principio pero se vuelve a ser feliz. Lo juro.
Cuando aceptas el dolor lo dejas de padecer, dejas de sufrir, y se puede vivir de nuevo, obviamente no serás el mismo de nuevo, serás mejor. Claro, siempre y cuando pongas a trabajar a tus neuronas, si te avientas a un rincón o cama para que te tengan lástima te convertirás en un bodrio sentimental que existía como lastimero y víctima del universo hace 100 años, no ahora. Tú vida está en tus manos, no hay dios, no hay gloria, eres tú, aquí, ahora, hoy.
Fin del duelo, fin de la fiesta de la tristeza y el dolor, fin del sin sueño, fin de la no ilusión, fin de lo que no te deseo padecer porque aunque no te conozco te abrazo y te digo que la vida continúa y el camino no deja de reverdecer.
Por favor, no temas al amor. Ni al sexo. Esos serán tus más grandes aliados para ser otra vez el amoroso sujeto capaz de alcanzar la cumbre de todos los mundos. Es posible, lo que sé es que se puede.
