Leonor

Manuel García Estrada

Desde niño la conocí, era tía mía y me llevaba muy pocos años de diferencia, cuando iba a su casa mi mundo era estar cerca de ella. No pasaba al revés, cuando ella, su hermano y papás iban a mi casa todo transcurría sin su presencia porque ahí entraba Pepito a estar jugando con nosotros. La realidad no nos daba bola porque ya era más grande también pero para los adultos los menores de 15 años entran todos en la misma bolita de niños.

Leonor siempre fue mi héroe, ella escuchaba canciones de moda, se arreglaba muy bien y se esforzaba por mejorar como ser humano buscando seguir los cánones de las buenas costumbres y la gente bien.

En los 80 cuando México se abrió al mundo le gustaba una canción muy popular que yo también escuchaba muchas veces en el vinilo de «Hits de 1981». La canción era «Queen of hearts» de Juice Newton. Leonor ya manejaba auto en ese año así que imaginen para mi de 9 años ver a mi tía manejar mientras subía el volúmen de la radio y cantaba desde adentro para ir a una tienda Sears.

Ella siempre se dispuso a ser la mejor, estudiaba mucho, sabía hacer todo en la casa, se expresaba correctamente y era mi tía favorita que siento que en realidad era una hermana mayor.

A finales de los años 80 yo ya de unos 17 años fui con ella al aeropuerto a recoger a mis papás que venían de viaje, mientras esperábamos Leonor me dio a probar «clericót». Con una copa tuve para sentirme mareado, así que «mi primera borrachera» fue con ella. Sí, de risa. Jamás lo hizo en mi mal sino que me veía muy tonto para el mundo y ella me empujaba a tomarlo con mis manos. Con el tiempo quería saber si yo era gay o no y nunca me lo preguntó pero a través de algunas preguntas y presioncilla supo la verdad, nada cambió. Me siguió queriendo igual.

Con Leonor fui por primera vez al Estadio Azteca a ver a Elton Jhon, iba con su novio, un sujeto que se parecía a Magnum pero menos corpulento.

Cuando regresé de Canadá ella estaba esperándome en el aeropuerto, me abrazó mucho, tanto que mi papá se puso malhumorado y le reclamó que porqué me decía «que bueno que regresaste gordito». Mi papá alegaba: no está gordo. Quizás pensó que me había ido de México porque me trababan de cierto modo.

Leonor se casó a lo grande, rentó una Limo y paseó por Reforma en la Ciudad de México, así llegó a la Church Evangélica de Las Lomas de Chapultepec. En su ceremonia matrimonial de iglesia protestante me pidió que yo leyera el Evangelio, elegí a San Juan, el apostol del amor -aparte de apocalíptico es amoroso-.

Ya casada empezó su vida con su marido, después tuvo dos hijos. Ya casi no nos veíamos. Siempre estaba y sigue en mi corazón. Crecí con ella.

Una tarde de un día normal en Cuernavaca, donde vivía, iba manejando su camioneta con sus hijos pequeños. Un derrame la hizo desmayar, el hijito maniobró para orillar el vehículo. Leonor llegó al Instituto de Neurología en Tlalpan, pero el aneurisma cerebral había sido letal. Ya no se recuperó.

En el mundo es popular Ladi Dy por ser llamada «la reina de corazones». Yo tengo mi propia «queen of hearts». Jamás envejeció Leonor, se quedó así, bella, con esas hermosas cejas y pelo enrulado, con ese porte, esa clase y esa seguridad que me siguen inspirando las más de las veces.

Leonor es responsable de que no me caiga bien la gente fodonga, especialmente las mujeres, ella era bella y se sabía poner guapa.

Te dejo la canción que me recuerda a mi tía favorita, Leonor Estrada.

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