Oportunidades para la industria del café mexicano en una Cuba post-dictadura

Guadalupe Pérez Herrera

La industria cafetalera cubana tiene una historia gloriosa que contrasta con su declive actual. Introducido en 1748 por colonos franceses, el café cubano alcanzó su pico en los años 1950, con más de 20,000 toneladas exportadas anualmente, comparable a productores como Kenia. Regiones como Santiago de Cuba, Contramaestre y Baracoa producían granos de alta calidad, de cuerpo pleno y sabor intenso, reconocidos internacionalmente. Hoy, tras décadas de centralización estatal, embargo económico y falta de inversión, la producción se ha reducido drásticamente a entre 9,000 y 11,000 toneladas anuales, con exportaciones limitadas de arabica (alrededor de 1,500 toneladas).

La liberación de la dictadura comunista abriría un escenario transformador. Con la eliminación de restricciones, Cuba podría atraer inversión extranjera masiva, modernizar infraestructura, recuperar hectáreas abandonadas (que cayeron de más de 170,000 en los 60 a menos de 30,000 en años recientes) y acceder a tecnologías y mercados globales. El turismo, un sector clave, se dispararía, impulsando la demanda de cafés de especialidad, cadenas y experiencias gastronómicas. El café cubano, con su patrimonio cultural —incluyendo el primer sitio cafetalero declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO—, se posicionaría como producto premium en un mercado libre.

México, con su experiencia consolidada, está en una posición privilegiada para capitalizar estas oportunidades.

Como onceavo productor mundial, México genera empleo para más de 500,000 productores en estados como Veracruz, Chiapas, Oaxaca y Puebla. Exporta alrededor de 200,000 toneladas al año, principalmente a EE.UU. (más del 50%), pero también a Cuba en volúmenes modestos para complementar su demanda interna. La expertise mexicana en producción sostenible, variedades resistentes, tostado y cadenas de cafeterías (como las exitosas marcas nacionales e internacionales) sería clave.

En grano, las oportunidades incluyen joint ventures para replantar, mejorar rendimientos y certificar cafés orgánicos o de especialidad. México podría transferir conocimiento en manejo poscosecha, control de plagas (como la roya) y acceso a financiamiento internacional. La complementariedad es natural: granos cubanos de perfil robusto podrían mezclarse con perfiles mexicanos suaves, creando blends únicos para exportación a EE.UU. y Europa.En el segmento de cafeterías, la explosión turística post-dictadura generaría demanda de locales modernos. Inversionistas mexicanos podrían expandir cadenas, capacitar baristas locales y desarrollar experiencias “café-tour” en plantaciones históricas. El nearshoring y la proximidad geográfica reducirían costos logísticos, mientras tratados comerciales facilitarían flujos.Beneficios mutuos y desafíos. Para Cuba: reactivación económica, empleo rural y divisas. Para México: diversificación de mercados, fortalecimiento de la marca latinoamericana de café y retornos atractivos en un mercado emergente. Sin embargo, retos como la transición institucional, propiedad de la tierra, sostenibilidad ambiental y competencia global requieren planificación estratégica. Proyectos como BioCubaCafé, que buscan expandir plantaciones, muestran el potencial de colaboración.

La apertura de Cuba representaría un “boom cafetalero” caribeño similar al que vivieron otros países tras reformas. La industria mexicana, con su resiliencia y redes, podría liderar la recuperación.¿Están los miembros de la industria del café en México listos para invertir en Cuba?

  1. Montes, R. (2024). Cuban Coffee Production: An Analysis from 1950 to 2017. International Journal of Cuban Studies.
  2. Perfect Daily Grind. (2024). “How is coffee production changing in Cuba?”
  3. Wikipedia y fuentes FAO. Coffee production in Cuba (datos históricos).
  4. SAGARPA / Gobierno de México. “México, onceavo productor mundial de café”.
  5. Curto, M. et al. Reportes sobre iniciativas como Lavazza y BioCubaCafé en Cuba (2024-2025).

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