Rococó: donde el arte se sirve en una taza

Por Susan Wemer Laenz

Con cariño para la Condesa que guardo en mi corazón del otro lado del Atlántico.

Hay lugares que sirven café y hay otros que consiguen convertirlo en una experiencia estética, intelectual y humana. Rococó Café Espresso pertenece a esa segunda categoría. Su historia demuestra que una cafetería puede ser mucho más que un establecimiento comercial: puede convertirse en un espacio donde convergen las artes, el conocimiento, la conversación y la construcción de comunidad.

En El Libro Negro del Rococó Café Espresso, Manuel García Estrada recupera la memoria de un proyecto que encontró en el café su materia prima y en la cultura su vocación. Sus páginas nos acercan a una historia de trabajo, creatividad, disciplina y resistencia, pero también a una manera particular de entender la hospitalidad: ofrecer una taza de calidad mientras se abre la puerta a la música, la literatura, las artes plásticas y las ideas.

Rococó nació de una visión que supo reunir dos universos que con frecuencia se mantienen separados: el rigor de la especialización cafetera y la libertad del pensamiento artístico. Detrás de cada preparación existieron conocimientos sobre el grano, el tostado, la extracción y el servicio; alrededor de la barra se construyó, al mismo tiempo, un ambiente donde la belleza no era un adorno, sino parte de la experiencia.

La participación de Aquiles González Pereyra y Manuel García Estrada resulta fundamental para comprender esa combinación. El proyecto no se sostuvo únicamente en el talento individual ni en la fortuna. La organización, la estandarización de procesos, la búsqueda de calidad y la construcción de una identidad propia permitieron que Rococó desarrollara una personalidad reconocible. El arte aportó sensibilidad; el café, un lenguaje universal; y la gestión, las herramientas para convertir una intuición en una obra duradera.

La historia de Rococó también revela la capacidad de una pequeña barra para proyectar ideas mucho más allá de sus dimensiones. Desde su espacio en la colonia Condesa, el proyecto participó en una trayectoria que culminó en iniciativas de mayor alcance, como Coffee Fest México 2019, celebrado en el Zócalo de la Ciudad de México. Aquella experiencia mostró que el café mexicano podía ocupar un lugar central en la conversación pública, vinculando a productores, empresarios, consumidores y promotores culturales.

Por eso, la aparición de El Libro Negro del Rococó Café Espresso tiene una importancia que trasciende la nostalgia. Las cafeterías forman parte de la vida cotidiana, pero pocas conservan por escrito las decisiones, los conflictos, las estrategias y los aprendizajes que explican su permanencia. Documentar esa experiencia significa preservar una parte de la historia cultural del café en México y reconocer el trabajo de quienes construyen instituciones desde espacios aparentemente modestos.

La continuidad de Rococó como Banco Cultural del Café, ahora en Córdoba, Veracruz, prolonga esa vocación. El establecimiento ya no representa solamente una memoria de la Condesa: encarna la posibilidad de mantener vivo un proyecto mediante la transformación, sin renunciar a sus principios.

Manuel García Estrada nos recuerda que detrás de una taza hay mucho más que café: hay oficio, imaginación, disciplina, afectos y una voluntad de trascender. Leer este libro es entrar en ese universo y comprender que, cuando el arte se encuentra con el café, una barra puede convertirse en escenario, escuela y patrimonio vivo.

Porque Rococó no es únicamente un lugar al que se acude a beber café. Es una historia que merece ser contada, una experiencia que merece ser estudiada y un legado que merece permanecer.

 

Nota: Gracias Manuel por considerarme para poder leer el manuscrito y saber de ti y del Rococó y de su gente que con tanto cariño siempre me trataron cuando parecía a veces que no aguantaría estar en México en aquellos años (2011-2013).

 

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