El Mexicano y su Laberinto de Incongruencias: Complejo de Inferioridad y la Búsqueda Perpetua de Venias Extranjeras

Patricia B. Villafañe Juárez
Estar esperando el reconocimiento del Exterior siempre debilita al Interior. Estar esperando que Oxford, Yale o Harvard nos den un título de chingones es de mediocres. Ellos, los anglosajones, árabes o asiáticos, se podrán sentar a la mesa de las grandes naciones cuando su literatura sea capaz de crear algo como El Quijote.
                                                                                                                                                    García Estrada, Manuel. El Hijo del Rayo, 2020.
El mexicano promedio vive en una contradicción permanente: critica lo “extranjero” con vehemencia, pero lo que rechaza a menudo forma parte de su propia herencia cultural, forjada en los tres siglos de virreinato novohispano. Esta actitud, arraigada en un complejo de inferioridad diagnosticado magistralmente por Samuel Ramos, revela no solo ignorancia de las raíces propias, sino una dependencia patológica de reconocimiento externo que erosiona la integridad moral y genera ridícula incongruencia cotidiana.

Samuel Ramos, en El perfil del hombre y la cultura en México (1934), describe cómo el mexicano percibe una inferioridad que no es real, sino psicológica, trabajada por la Leyenda Negra y exacerbada por la misma a través de intentos nacionalistas fatuos tras la Independencia y la Revolución. El mexicano imita lo anglosajón para ocultar su “autodenigración”, despreciando su realidad mientras adopta modas foráneas. Esta imitación defensiva produce pedantería, machismo y agresividad como máscaras de inseguridad.

Octavio Paz, en El laberinto de la soledad (1950), profundiza en esta “soledad” y “máscara” del mexicano: el “hijo de la Chingada” oscila entre el machismo del “chingón” y la sumisión del “agachado”, incapaz de asumir su mestizaje sin vergüenza. El virreinato, lejos de ser mera opresión, forjó una cultura rica (barroco, sincretismo guadalupano, instituciones), pero el relato oficial posrevolucionario lo pinta como oscuridad para justificar victimización.

José Vasconcelos, con La raza cósmica (1925), propuso un mestizaje optimista como síntesis superior, no inferior. Antonio Caso, pionero de la filosofía de lo mexicano, enfatizó la existencia como “caridad” y unidad espiritual contra el positivismo importado, criticando la falta de cohesión nacional.

Historiadores como Guadalupe Jiménez Codinach resaltan el legado constructivo del virreinato (México, su tiempo de nacer), mientras Jean Meyer documenta la complejidad de la Independencia y el conflicto religioso, desmontando mitos simplistas. Juan Miguel Zunzunegui, en obras revisionistas, defiende la fusión hispanoamericana contra la leyenda negra. Avelina Lésper critica el “fraude” del arte contemporáneo VIP, importado y vacío, que desprecia la técnica y tradición propias. Ella, Lésper, arremete contra sus detractores cuando exigen que haya alguien en Londres o Nueva York que la designen como crítica de arte como si se necesitara una varita mágica de Harvard para que el espectacular análisis de Avelina se convierta en algo profundo para ser tomado en serio. Por favor, son ridiculeces.

El mexicano promedio obedece ciegamente a la cultura y marketing anglosajón —consumismo, woke victimista, inglés como estatus— por ignorancia de sus raíces novohispanas. Critica “lo español” o “lo colonial” (iglesias, tradiciones, mestizaje) mientras devora series de Netflix, música en inglés y modas de TikTok. Piensa en “descolonización” (discurso importado de universidades estadounidenses), dice “¡Yankee go home!” y hace fila por Starbucks o iPhone. Esta disociación —pensar, decir y hacer lo opuesto— lo ridiculiza y le resta credibilidad total.

La necesidad de “venias” extranjeras es patética: un libro no vale hasta que The New York Times lo elogia; un artista no es “serio” sin bienal en Venecia; un intelectual no se siente validado sin posgrado en EE.UU. o Europa. Esta búsqueda genera vergüenza crónica y pérdida de integridad moral: se adopta el discurso victimista oficial (escuelas, TV, radio, política) que culpa a España de todos los males, ocultando logros virreinales y responsabilidad propia. El complejo de inferioridad no solo hace sufrir; permite adoctrinamiento masivo. Se victimiza al mestizo como eterno oprimido, ignorando que la “raza cósmica” de Vasconcelos era promesa de grandeza.

Sor Juana Inés de la Cruz, gloria del Barroco novohispano, ya señalaba esta incongruencia en sus Redondillas (“Hombres necios que acusáis”):

Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.
Hoy se podría jugar con ello y escribir:
Mexicanos necios que acusáis
a Trump sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.
El mexicano acusa a lo “extranjero” (o a su herencia) siendo él mismo la ocasión de lo que condena. Critica el colonialismo mientras vive en un país mestizo fruto de ese encuentro; rechaza lo propio y mendiga aplausos ajenos.Esta incongruencia cotidiana —el reggaetón en español con flow yanqui, el nacionalismo retórico con consumo global, el odio al “gachupín” con orgullo por apellidos— erosiona la nación. Ramos y Paz llamaban a asumir la realidad sin máscaras. Zunzunegui, Jiménez Codinach y Meyer invitan a una historia íntegra. Lésper, a valorar lo auténtico frente al fraude importado.El mexicano debe romper el laberinto: conocer sus 300 años virreinales como cimiento, no vergüenza. Rechazar la victimización indoctrinada. Recuperar integridad: pensar, decir y hacer en congruencia. Solo así dejará de mendigar venias y construirá desde su ser auténtico, mestizo y soberano. La grandeza está en asumir la historia completa, no en negarla por aplausos externos.

Bibliografía:

  1. Ramos, Samuel. El perfil del hombre y la cultura en México. Espasa-Calpe, 1934.
  2. Paz, Octavio. El laberinto de la soledad. Fondo de Cultura Económica, 1950.
  3. Vasconcelos, José. La raza cósmica. Espasa-Calpe, 1925.
  4. Caso, Antonio. La existencia como economía, como desinterés y como caridad. UNAM, 1919/1943.
  5. Jiménez Codinach, Guadalupe. México, su tiempo de nacer, 1750-1821. Fomento Cultural Banamex, 1997.
  6. Meyer, Jean. De una revolución a la otra: México en la historia. El Colegio de México, 2013.
  7. Zunzunegui, Juan Miguel. Al día siguiente de la conquista. (Obras varias hispanistas).
  8. Lésper, Avelina. El fraude del arte contemporáneo.
  9. Ramos, Samuel. Artículos en Dialnet y SciELO sobre complejo de inferioridad.
  10. Paz, Octavio. Posdata. Siglo XXI, 1970.
  11. Sor Juana Inés de la Cruz. Redondillas: Hombres necios que acusáis.
  12. Zabludovsky, Gina. “Samuel Ramos y su visión sobre lo mexicano”. Revistas académicas, 1991.

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