¿Imponer el silencio?

Una de las características de los nuevos priístas denominados morenistas es el impedir que el cuestione lo exprese.

La lucha por la libertad de expresión es de décadas y nos mantenemos ahora en la misma batalla por el derecho a disentir que en los tiempos del rector Barros Sierra (UNAM, 1968) porque sencillamente la autoridad no quiere que se le cuestione ni señalen sus errores, como si fueran perfectos, pero en el caso de la llamada 4T haya algunas por particularizar.

Los íconos del movimiento de regeneración nacional fueron desarrollándose debido a las características de los grupos sociales hartos del PRI y el PAN que encontraban en unos pocos un poco de eco al malestar general. Durante años el periódico La Jornada se coronó como el de las causas sociales –a modo, porque siempre ha recibido financiamiento de los gobiernos, aunque nunca como ahora-; cuando el perredismo gobernó la ciudad de México con Cárdenas ese periódico no solo mostraba el apoyo al líder que por no recibir hueso se salió del partido de Estado años atrás sino que se convirtió prácticamente en el órgano oficial de comunicación del Perredé.

Al ir obteniendo lectores no afines al gobierno los moneros y los columnistas fueron obteniendo fama entre ese sector que comenzó a difundirlos como los aliados del pueblo, con el tiempo hemos visto que su mayor alianza es con sus intereses –como obtener condonación de casi 10 millones de pesos en un gobierno que dijo que eso ya no pasaría-. Para cientos de personas que no leían más allá de La Jornada esta especie de súper héroes de mentes cortas comenzaron a llenar auditorios y a convertirse en gente importante.

Hay que reconocer que hay varios intelectuales que apoyaron al movimiento de López Obrador y sirvieron de bisagra a las nuevas “estrellas”. Es que no hay manera de subestimar a Carlos Monsiváis que era brillante y que seguramente debe estar revolcándose en su tumba cuando se usa el nombre de Juárez en vano o se maltrata con amenazas de consulta de los derechos lésbico gay. Están Elena Poniatowska –que cada vez se hace más crítica al amloísmo- o Sergio Pitol.

Hoy solo los radicales permanecen en apoyo del presidente siempre y cuando AMLO haga que Claudia Sheinbaum sea la candidata. Es decir, siguen pugnando por sus intereses económicos y de poder como es el caso de los moneros de La Jornada que todo el tiempo están en campaña de propaganda “obradorista” aunque en realidad es de la que llamamos “nomenklatura” (http://www.elhijodelrayo.com/nomenklatura-y-por-que-hay-que-definirnos/ ).

Una de las “estrellas” caídas es un miembro de la secta nomenklatura, Ackerman, el que no se dedicaba a ser parte de la UNAM sino a hacer campaña de chillidos permanente y que llamaba la atención constantemente. Él y su esposa, Irma Eréndira, se lanzaron a la conquista del poder queriendo además incrustar a docenas de amigos y parientes en el gobierno, hasta quisieron imponer al candidato a gobernador de Guerrero olvidando que frente al círculo más cercano de AMLO no hay nada qué hacer. El coste de ponerse al brinco por sus intereses fue que no alcanzaron la candidatura ansiada y a Irma la sacaron del gobierno. La fama de Jhon comenzó a bajar no solo porque empezó a minimizar y humillar a Sabina Berman –que aunque también es amante del show y tapetismo tenían sus diferencias- el mote de machista lo fue llevando a la banca, ahora lo que sigue es o se alinea para aplaudir incondicionalmente a Sheinbaum o no tendrá mayor jugada porque en más de una ocasión ha expresado su odio a Ricardo Monreal y su desdén a Marcelo Ebrard.

Ackerman es espécimen de análisis que muestra cómo se busca imponer el silencio al que piensa distinto, los ataques de “comunicador” –es más bien abogado e investigador en Ciencias Jurídicas de la UNAM, quizás debió estudiar comunicación en la Ibero o Cabaret con Jesusa- eran brutales del tipo linchador digital, ahora que ha padecido el mismo ataque entienda lo que él gustaba de hacer.

El imponer el silencio con prepotencia y soberbia es lo más común en la 4T, sus militantes buscan impedir que la verdad salga a la luz, todo lo consideran ataque de infiltrados, fascistas –cuando la jefa de gobierno es más fascista que Alfaro en el tema de la “pandemia”- o “derechosos” a los que cotidianamente les violan sus derechos humanos  (artículo 5 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos : Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.) y cada hora lo único que hay de parte de los militantes fanáticos de la nomenklatura es un ejercicio de degradación del que no piensa como el aparato de poder marca.

Cuando Vicente Fox se quejaba de la gente que leía periódicos y lo cuestionaban y no hablaban de sus “logros”, en aquel tiempo los lectores de La Jornada enardecieron. Con Peña Nieto que dijo ya sabía que no le aplaudían y que no se inmutaba de toda burla o mentada de madre twittera llegamos al obradorismo en el poder. Aquí y ahora lo mismo que decía Fox se cambia por argumentos altamente aterrantes como el decir que todos deben ver “Las Mañaneras” que es un véanme y oíganme solo a mi ¿Qué carajos pensarán de la democracia?

Esta necesidad tan radical de acallar al distinto, al otro que no piensa como el poder cree que debe de pensar nace del despotismo y el profundo resentimiento de que jamás pudieron imponer sus ideas sobre quienes simplemente tienen sentido común o inteligencia. Quieren que nadie los critique, exhiben su inseguridad que nace de la descomposición e inmadurez de una identidad trastocada por el dolor y sufrimiento de sentirse menos que el resto y que los demás, para ellos, “les han oprimido”.

El silenciar a los demás y exigir reconocimiento y ovaciones nos habla de personas muy desequilibradas en sus emociones, muestran que no pueden dialogar en un mundo de diversidad y amplio abanico de posibilidades. Les aterra el mundo, por ello las políticas de cultura tienen como marco el cerrar al mexicano de las expresiones internacionales, quieren que tengamos anteojeras porque no saben cómo comunicarse con otros pueblos, no ven a las naciones como países que puedan aportarles algo, les tienen envidia, a los europeos por competitivos, a los argentinos porque son europeos, a los gringos por ricos, a todos menos a los que tienen líderes parecidos con ignorancia y populismo (neoliberal por cierto) como Bukele –el facho de El Salvador-, Ortega –el déspota estalinista de Nicaragua-, Maduro –el otro estalinista-, al nuevo presidente de Perú –que tampoco tiene claro cómo gobernar y para qué- o la legendaria isla feudal llamada Cuba en donde el poder absolutista de un partido despedaza a la gente mientras los señores del poder siguen enriqueciéndose.

Recorre en estas últimas 24 horas un vídeo que ni siquiera diré quién protagoniza porque no me parece relevante el actor político sino la comunicación del mismo. En el material audiovisual se observa a un ciudadano haciendo un legítimo reclamo sobre inseguridad en su colonia, dice que desde hace años lo padecen, es decir, más de un año, pero su interlocutor, un representante del poder legislativo enseguida conecta su huella de abandono y le regresa el reclamo al señor que no pidió ser visitado por ningún político. Le dice que solo podrán dialogar si anota que antes, años atrás, se refiere al PRIANRD y no al gobierno actual de MORENA.

Hay que aclarar algo, la “izquierda” tiene más de 20 años gobernando en donde se suscita el encontronazo, así que sí entra dentro del reclamo original del ciudadano, quizás el gobierno federal era otro pero el de la ciudad y de la alcaldía en donde estaban ya son incluso legendarios, el vídeo tiene dos años y nadie quería ver en ese momento el tema del uso de los pobres para beneficio político, cosa que se comprobó en 2021. A continuación el ciudadano se da cuenta que no podrá externar su reclamo de inseguridad y que no habrá diálogo, el servidor público enseguida responde que habrá qué hablar. Pero, si ya una persona se sale de un debate o diálogo se acabó el asunto pero el querer imponer una conversación ya es un acto prepotente y de obligatoriedad -totalitarismo-.

La escena sigue corriendo, el político sobaja al ciudadano y le dice que dónde estaba en la lucha, es decir, el servidor público tiene que conocer a todos –millones que salimos desde 2006 a llenar plazas en todo el país, es imposible- y una señora que enseguida se ve en el vídeo le aclara que ella y el señor ahora atacado sí han ido a manifestaciones o mitines, ella dice que sí han estado en la lucha. Enseguida el actor político la saluda educadamente y pregunta su nombre, ojo, eso es una estrategia para desactivar apoyo a un debatiente adverso al primer actor. Es una táctica de expresión oral.

Cae el argumento de que el ciudadano no había estado en la lucha y a continuación sin que el ciudadano levante la voz es acusado de levantar la voz, extraordinario acontecimiento, estamos viendo una proyección o transferencia del descontrol al otro. Obviamente todos los observamos el vídeo nos queda claro que es el político el que comienza a gritar, tanto que la señora se para entre el ciudadano y el político porque piensa que va a suscitarse un acto violento –algo que es muy conveniente para que el político acuse haber sido agredido, se victimice y gane apoyos- pero no se da ningún golpe.

Algo que llama la atención es que el ciudadano busca regresar un volante fotocopiado al actor político el cual se siente profundamente agredido y le dice que lo está provocando. Eso es muy, muy raro porque en ningún momento se ve al ciudadano intentando molestar al enojado personaje. Ahí lo que tuvimos fue una proyección, es decir, se ve en el otro que uno es. Resbalón.

Cuando por fin parece que el incidente ya se va acabar una mujer que es la que está “transmitiendo” –grabando- el hecho le dice al ciudadano que él no quiso escuchar, pero ¿cómo así? Jamás pudo el ciudadano platicar su preocupación y lo único que recibió fueron gritos y enseguida lo amenaza diciéndole que está siendo visto por la gente a través del streaming, vaya, como si le dijera que se atuviera a las consecuencias de que se atrevió a no ser parte de una campaña o una visita vecinal.

Los habitantes del lugar se dan cuenta de lo que pasa: un par de ancianos están recibiendo agresiones, así que empiezan a tratar de detener la violencia verbal en lo que ya es una discusión narniana y la conducta de la celularcamarógrafa vuelve a ser equivocada, un joven le dice que no tienen porqué estar diciéndoles a los ancianos sobre que los están viendo y él apenas si roza a la camarógrafa y ella le dice que no la toque, como si estuviera ejerciendo violencia en su contra, exagera porque sabe que ya están metidos en una situación donde han cometido error tras error.

El vídeo desafortunadamente termina con un manotazo del joven acusado de tocar a la mujer como si la hubiera querido golpear, al final lo desquicia la actitud pasivo agresiva de la mujer y le bota el celular. De 2019 para acá ese tipo de cosas cada vez son más frecuentes porque la gente ya se hartó de ser amedrentada con amenazas de uso de lo grabado para ser linchados en la opinión pública.

Esa manera de buscar apabullar al ciudadano anciano es característica de la nomenklatura y de los que no soportan ser cuestionados, es importante comentar que quien se mete de político, es decir, de actor político o público, siempre estará expuesto a acontecimientos en donde la ira puede surgir; en este caso narrado no hay más que exigir que los políticos jamás ofendan a los ciudadanos, ni les griten, ni les amenacen.

La terrible situación del dichoso vídeo generará que haya quienes justifiquen el abuso de autoridad y crean que así deben ser los debates o la acción política, de hecho esa actitud prepotente del actor político y la camarógrafa merecen alguna sanción. No sucederá porque simplemente en este país hay quienes se justifican por todo.

No merecemos que nos quieran acallar aunque se crean los salvadores de la patria, esto ya no es 1821 o 1917, el mundo ha cambiado mucho y el tolerar la intolerancia es algo repudiable ya sea en una “Mañanera”, ahora erigida Inquisición, en redes sociales, a través de la proyección sobre los críticos de que generan “violencia política” o simplemente “pendejeando” al que no piensa como la imposición propagandístico dicta.

Debemos prepararnos para escenarios en donde otra vez las redes arderán ya que los medios golpearán en contra del opresivo método de comunicación social de propaganda y su político de humillar y vilipendiar al que llama a la verdad a través de hechos a que hablen de un gobierno que se ha convertido en uno de los peores en el manejo comunicacional que es de corte fascista… O al ser de “izquierda” sería estalinista. Una mierda de dirección que solo daña a la democracia y a la república al intentar imponer el silencio.

Manuel García Estrada, el hijo del rayo.

2 comentarios en «¿Imponer el silencio?»

  • el julio 25, 2021 a las 10:01 pm
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    Todo lo que dices es real y no es nuevo, sería bueno que también hables de ti. Tu fuiste parte de esa «nomenklatura» porque al final, estarás de acuerdo conmigo, la personalidad de AMLO son las características de esa organización y tú los apoyaste y fuiste parte, trabajaste por años para que ustedes pudieran llegar al poder, y llegaron pero no te invitaron.
    A mi me bloqueaste hace más de un año de youtube por decirte lo que hoy estás diciendo, no utilicé insultos ni descalificaciones, no eras tolerante a escuchar opiniones diferentes, simplemente los que no opinaban como tú se reducían a troles o idiotas.
    Me pregunto si tu opinión en 2018 era genuina o se dejaba influenciar por tus intereses personales, no lo sé, lo cierto es que en el momento en que te bateó ese partido fue un parteaguas para tu posicionamiento respecto a MORENA.

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